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El día 21 de junio estuve en Jordania, concretamente, en
el Mar Muerto, para una reunión del WEF, invitado por la
Reina para escribir un texto que sería parte de la ceremonia
inaugural. Al terminar el acto, participé en una cena en
la que me vi en una situación extraordinaria.
En la mesa exactamente al lado estaban el Rey y la Reina de Jordania,
el Secretario de Estado Collin Powell, el representante de la Liga
Árabe, el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, el
Presidente de la República Federal Alemana, el Presidente
del Afganistán, Hamid Karzai, y otros importantes nombres
involucrados en los procesos de guerra y paz que estamos presenciando.
Aun cuando la temperatura se aproximaba a los 40ª C, una brisa
suave soplaba en el desierto, un pianista tocaba sonatas, el cielo
estaba claro, antorchas diseminadas por el jardín iluminaban
el lugar. En la otra orilla del Mar Muerto podíamos divisar
Israel, y la claridad de las luces de Jerusalén en el horizonte.
Es decir, todo parecía en armonía y paz, y de repente
me dí cuenta de que aquel momento, lejos de ser una aberración
de la realidad, era en verdad el sueño de todos nosotros.
Aunque mi pesimismo haya aumentado mucho en el curso de estos últimos
meses, si las personas aún consiguen dialogar, nada está
perdido. Más tarde la Reina Rania comentaría que el
lugar del encuentro había sido escogido por su carácter
simbólico: el Mar Muerto es el lugar más profundo
de la Tierra ( en este caso, 401 metros bajo el nivel del mar).
Para ir más al fondo aún tenemos que zambullirnos
pero, en este caso, la salinidad del agua fuerza al cuerpo a volver
a la superficie
Esto es lo que sucede con el largo y doloroso proceso de paz en
el Oriente Medio: no se puede ir más abajo del estado actual.
Si yo hubiera encendido el televisor aquel día, me habría
enterado de la muerte de un colono judío y de un joven palestino.
Pero yo estaba allí, en aquella cena, con la extraña
sensación de que la calma de aquella noche podía extenderse
a toda la región, las personas volverían a conversar
como conversaban en aquel momento, la utopía es posible,
los hombres no pueden hundrse más.
Si algún día tienen la oportunidad de ir al Oriente
Próximo, no dejen de visitar Jordania, (un país maravilloso,
acogedor) ir al Mar Muerto, contemplar a Israel en el otro margen:
entenderán que la paz es necesaria y posible.
A continuación, transcribo parte del texto que escribí
y leí durante el evento, acompañado por la improrvisación
del genial violinista judío Ivry Gitlis:
Paz no quiere decir lo contrario de Guerra.
Podemos tener paz en el corazón aun en medio de las batallas
más feroces, porque estamos luchando por nuestros sueños.
Cuando todos nuestros amigos ya perdieron la esperanza, la paz del
Buen Combate nos ayuda a seguir adelante.
Una madre que puede alimentar a su hijo tiene paz en sus ojos, aunque
sus manos estén temblando porque la diplomacia falló,
las bombas caen, los soldados mueren.
Un arquero que abre su arco tiene paz en su mente, aun cuando todos
sus músculos estén tensos por causa del esfiuerzo
físico.
Por consiguiente, para los guerreros de la luz, paz no es lo opuesto
a la guerra, porque ellos son capaces de:
A) distinguir lo que es pasajero de lo que es duradero. Pueden luchar
por sus sueños y por su supervivencia, pero respetan los
lazos que se fueron forjando a través del tiempo, de la cultura
y de la religión.
B) Saber que sus adversarios no son necesariamente sus enemigos.
C) Tener conciencia de que sus acciones afectarán a cinco
generaciones futuras, y serán sus hijos y nietos quienes
recibirán las consecuencias, para bien o para mal.
D) Recordar lo que dice el I-Ching, que la perseverancia es favorable;pero
sin confundir perseverancia con insistencia, pues las batallas que
duran más de lo necesario terminan destruyendo el entusiasmo
imprescindible para la reconstrucción.
Para el guerrero de la luz no existen abstracciones: cada oportunidad
de transformarse a sí mismo es una oportunidad de transformar
el mundo.
Para el guerrero de la luz tampoco existe el pesimismo. Él
rema contra la marea si es necesario, pues cuando esté viejo
y cansado podrá decir a sus nietos que vino a este mundo
para entender mejor a su vecino y no para condenar a su hermano.
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